Progenote's blog

10 abril 2006

Estás muy cuca


Y ahí estaba ella, boca arriba. Se movía a la par que yo observaba como inmóvil o paralizado. Las temo, aunque desconozco el motivo. Lo mismo es por su agilidad, por su horrible crujir al pisarlas, por su macabro color negro o sencillamente por esa vomitiva naturaleza sucia que las caracteriza. No sabía qué le estaba sucediendo, pero se retorcía de dolor, de un angustioso dolor. Puede que estuviese despertando de una siesta no muy agradable, aunque bien pudiera haber estado agonizando. Y yo, perplejo. Vasculaba sus largas antenas de un lado para otro y contraía su pardo vientre, todo ello al ritmo de una exquisita marcha fúnebre. Estaba en mi suelo, un aséptico lugar sin espacio para cucarachas moribundas. Unas gotas de alcohol sobre su cuerpo la empujaron hacia un abismo de oscuridad y quién sabe si paz o tormento. Sólo espero que con ese etílico charco, que poco a poco -y a la par que su vida- se evaporaba, se sumiera en una dulce pero letal embriaguez. La pobre yacía boca arriba y había encogido las extremidades; sus antenas ahora permanecían en una inmutable posición que denotaba lo inherte que se hallaba ese lamentable ser. Qué pena que no se hubiera ido corriendo por debajo de la puerta antes de haberla visto. Me reincorporé a mis quehaceres consciente de la repugnancia que me causan estos detestables insectos, así como de la falsa sensación de culpabilidad de mi deliberado crimen. Odio las cucarachas, espero tener rachas más cucas y que esta experiencia sólo haya sido la incursión puntual de una incauta exploradora por mi territorio.

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