Progenote's blog

18 mayo 2006

¡Me han querido estafar!

Pues así es. Y por la cara y sin mediar palabra. Discretamente. Un engaño bien articulado. Un chantaje económico. Un maniobra de marketing de mal gusto. Pero les he cazado, porque esta es la segunda vez y me he percatado de la estrategia de Burger King.

Resulta que voy paseando de vuelta a casa desde el trabajo, cuando atravieso una conocida plaza madrileña en cuya área interior está emplazado un dispensario de hamburguesas y en el exterior, una empleada con la facíes desencajada -¿el tatuaje del delito?¿el calor sofocante?... ¿ambas cosas?- repartiendo publicidad del establecimiento. Como acto de civismo, accedo a tomar uno de los folletos que ofrece la señorita. Se trata de un bono de ofertas para presentar en caja para así poder obtener una hamburguesa extra por la compra de un menú, o un par de hamburguesas a un precio especial.


Hasta aquí todo normal: colores vivos, un título llamativo, el logotipo del restaurante y los boletos recortables de oferta que mueven al ciudadano a dejarse caer por el establecimiento en busca de la ansiada pero hipotética reducción de precio. Todo parece ideal.

Pero digo hipotética, porque en el siguiente detalle del boleto, demostraré ante los ojos del mundo mundial que el cupón está caducado.









Y sin ánimos de engañar a los lectores, reproduzco textualmente la fecha de caducidad del cupón: "Promoción válida hasta el 30/09/05", esto es, hasta el 30 de octubre del año pasado (2005).

Una vez mostradas las pruebas, voy a idear la hipotética estafa: una señorita sale de su lugar de trabajo con un puñado de cupones caducados -probablemente acatando la orden de una sagaz encargada que se ve presionada por el dueño del restaurante para incrementar las ventas- y se dedica a repartir al mogollón de gente que pasa por la plaza cupones expirados con objeto de que cuando lleguen a sus casas, se alegren por haber recibido no uno, sino dos, tres o cuatro cupones de oferta para disfrutar en su restaurante... pero que nunca podrán disfrutar, pues los cajeros del restaurante, una vez se haya desplazado el feliz ciudadano al local a pedir su menú, le indicarán -eso sí, amablemente- que el cupón está caducado, pero que lógicamente puede pedir otra de sus ofertas promocionales. Y sólo entonces -a menos que esté tan pirado como yo y llegue a esta 'clarividente' deducción- el ciudadano se dará cuenta de que el cupón era tan sólo un señuelo para atraerle hasta el restaurante. Sólo le quedarán dos opciones: armar un pifostio de dos pares de narices que no olvidarán en el restaurante (con hoja de reclamación incluída, claro está) o pasar desapercibido pidiendo otro menú y resignado a volver a casa habiendo aceptado que la batalla la ha ganado, con un jaque pastor, el Rey de la Hamburguesa.

Dejo constar en acta que no he sido estafado. Todo esto es una ideación cuasi-teatral tras haber recibido dos puñados de cupones caducados, con varios meses de separación entre ambos.

Pero si estoy en lo cierto, a mí no me engañarán. Soy libre ;-)

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