Progenote's blog

18 septiembre 2006

El orgullo virtuoso

El orgullo es una forma de que nos ha dotado la evolución para afrontar una experiencia frustrante. Podría decirse que es el despertar de la mente; la exhacerbación de esa dualidad "mente-corazón". Es cuando de una forma más bien tardía, la mente asume el control de las emociones; el triunfo de un raciocinio impulsado por una fuerte emoción frustrada.

El afán por superar el problema lleva a nuestra cabeza a tomar el control de una orquesta de sensaciones caóticas, con el objetivo de autorrevalorizar a la propia entidad personal. Aunque suele quedar un residuo emocional asociado a ese recuerdo, la planificación y autosugestión racional de este artefacto de defensa psicológica, suele ser suficiente para alcanzar el éxito con objeto de que esa sensación frustrante no nos lleve a idear y ejecutar conductas desadaptadas.

Orgullo es autonomía, autosuficiencia, autosugestión y autoconocimiento consciente; una retroalimentación positiva que facilita esa mirada introspectiva que somos incapaces de llevar a cabo cuando nos hundimos en un mar de emociones. Orgullo es, por tanto, fortaleza mental y resguardo emocional al que recurrimos cuando el corazón ha perdido una batalla contra la vida.

Pero el orgullo al que me refiero es bien distinto del hecho de ser orgulloso, que significa contar con un centinela grandilocuente, altivo y falsamente elevado, que motiva nuestra conducta social, dirigiéndonos ciegamente hacia el aislamiento; es como ser preso a causa de ser libre. Ser orgulloso es perder el equilibrio innato del orgullo, balanza rectora de la equidad racio-emocional.

El orgullo virtuoso sería, en cierta medida, la planificación egocéntrica de la vida después de haber experimentado un momento frustrante. Quizás sea una justificación que ya poseíamos en los recobecos de la mente, pero silenciada, por si salíamos trastocados de ese choque emocional.

Al igual que un trípode, el orgullo nos eleva hasta un lugar nuevo, desde donde podemos percibir la grandeza de nuestra persona, llegando a asimilarla en nuestras entrañas psíquicas. El objeto de este aprendizaje no es más que protegernos frente a futuras frustraciones. Para que no olvidemos la lección, no llega a diluirse completamente ese residuo emocional asociado al nuevo programa psíquico. Gracias a esto, la impresión puede ser evocada -de una forma más cercana a lo sucedido- casi en su integridad, cuando sea necesario reafirmar de nuevo nuestra valía personal.

Sin embargo es esencial ser consciente de que estamos ante un recurso defensivo, para no incurrir en el rencor, la vertiente desequilibrada del orgullo virtuoso, a favor de la frustración, que se origina en la conducta obsesiva consisten en evocar continuamente la experiencia para analizarla reiteradamente, lo que supone al mismo tiempo una serie de nefastos flashbacks emocionales perpetuados.

La calibración de la respuesta del orgullo virtuoso estriba en los factores psíquicos de cada persona y en la naturaleza de las experiencias frustrantes a que se ha visto enfrentado.

El orgullo virtuoso es tu amigo.

Tarek (iRC: Progenote), Madrid 17 de Septiembre del 2006.

PD: Mi hermano, al que denomino pesticida literario por contaminar sus escritos de subjetividad manifiesta, se queja activamente de la impersonalidad del escrito. Hermano... sólo puedo decirte que me gusta escribir asépticamente ;-)

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