Progenote's blog

19 febrero 2007

Ansiedad social al volante

Hoy me he sentido decepcionado con un desconocido. Hasta podría decir que me he sentido engañado. Esta tarde he estado en el concesionario con el mecánico porque pretendo cambiar los amortiguadores del coche y hemos dado una vuelta para evaluar el estado de los que tengo. Después de concertar el día en que dejar el coche en el taller, me he vuelto para casa.

La tarde hoy ha estado un poco gris; a medida que pasaban las horas y la claridad iba en descenso, el chispeo se hacía más patente. Sí, ha sido la típica tarde tristona que te apetecería pasar en casa viendo una peli o leyendo un libro. A pesar del mustio aspecto del día he tenido una tarde tranquila y de reflexión; en poco tiempo pueden acontecer grandes cambios en mi vida. Cambios perennes. Además, hoy me hacía falta dejar volar un poco la imaginación, en previsión de perder esta vida de costumbres caducas en que me veo inmerso.

Había anochecido y, habiendo abandonado la autopista, ya estaba en ciudad. He de añadir que suelo conducir tranquilo, sin tirones, acelerones o prisas. Y hoy no iba a ser más, iba a unos 40 kilómetros por hora, por el carril derecho de una calle de mi ciudad, pasando casi enfrente de mi casa, en dirección hacia el garaje. Había bastante tráfico. Pese a que llevo las lunas tintadas he notado cómo el coche que tenía detrás me daba muchas ráfagas de luz larga, como haciéndome señas para que me apartase. Me habrá dado 10 ó 12 ráfagas y luego ha dejado las largas puestas. Este hecho me ha puesto en alerta, porque pasaba por las cercanías de un hospital y no es infrecuente que alguien lleve a otra persona en coche a urgencias a toda velocidad. Lo primero que se me ha pasado por la mente es que ese hombre necesitaba pasar rápidamente. He mirado por el retrovisor, he señalizado el cambio de carril y me he apartado. El hombre me ha adelantado. Como yo circulaba despacio, me ha dado tiempo a girar la cabeza para mirar a ese conductor, supongo que con objeto de confirmar mi pensamiento al ver un pañuelo blanco pillado en la ventanilla del coche. Y he aquí mi decepción: era un señor cincuentón, probablemente irritado por su putrefacta, insatisfactoria y estresante vida, que no solo no llevaba a nadie, sino que ha tenido la desfachatez de mirarme con mala cara y hacerme entender que iba muy despacio para su gusto. Sin más. Así de claro.

Por un lado me he alegrado de que nadie estuviera en riesgo vital, pero por otro me he quedado perplejo ante la estupidez humana -concretamente la suya- y he sentido una decepción notable hacia ese desconocido. El motivo de mi perplejidad es evidente: su conducta me ha parecido desproporcionada. Lo que me ha decepcionado ha sido que he mostrado interés y preocupación por alguien que no merecía ni siquiera un ápice de mi atención.

En cualquier caso he experimentado lo que Daniel Goleman llamaría 'respuesta emocional inteligente y adaptada', ya que la actitud correcta al volante es la de evitar cualquier secuestro emocional de ira, hecho que tan a menudo nos pone en peligro mientras conducimos, porque tomamos decisiones incorrectas que involucran no solo a nosotros mismos sino también a terceros que no tienen nada que ver con nuestra falta de autocontrol.

Sea cual fuere el motivo de su prisa, hacedme caso: poneos el cinturón, conducid con destreza y mantened la calma ante cualquier provocación.

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2 Comments:

  • A la gente se le suele ir mucho la pinza al volante. Cualquier persona normal y corriente se transforma en un puñetero energúmeno al volante.

    Lo que no comprendo es por qué tuviste tu que pasar del carril derecno al izquierdo para que el pasara... ¡y no al reves!

    By Blogger Kron, at 20/2/07 08:36  

  • Había mucho tráfico, el carril de la izquierda estaba repleto de coches y yo, que iba ceñidito a la derecha, me aparté un poco para que pasara... el tío llevaba fijas las luces largas.

    By Blogger Progenote, at 20/2/07 11:09  

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