Progenote's blog

13 enero 2008

Historias para no dormir

Seis de la mañana. De guardia en un hospital de la isla. Nos pasamos por boxes de trauma. Comentaron que llegaba un preaviso hospitalario a trauma. Se trataba de un joven apuñalado.

Se respiraba la inquietud en el ambiente. Los adjuntos revisando el material. Los cirujanos generales de camino. El cirujano torácico avisado también de camino. La UCI puesta al corriente del asunto. Enfermería de observación de medicina rondando por los alrededores. Banco de sangre listo para proveernos del líquido de la vida.

Llegó la ambulancia. El paciente estaba crítico. Cuatro puñaladas en el tórax que comprometían su vida seriamente. El médico de la UVI había intubado al paciente y colocado drenajes en las heridas. Había esperanzas. Estaba monitorizado y conectado al respirador. De momento estaba hemodinámicamente estable.

Se le traspasó de camilla, y se conectó al respirador del box de politrauma. Los cirujanos generales comienzaron a evaluar los daños. El torácico entró en la sala y evaluó igualmente los daños causados. Metió toda la mano dentro de las heridas para calcular la trayectoria y estudiar los cortes internos. Mientras tanto, en un rincón de la sala y sin hacer ruido, banco de sangre haciendo pruebas con sueros anti-A, anti-B y anti-D para pedir sangre urgente. Enfermería trabajando a destajo para proveer de materiales a los cirujanos. El resto de residentes, enfermeros y estudiantes, asombrados de la crueldad del ser humano. Cualquiera de nosotros podría haber sido la víctima. Hasta yo mismo me vi ahí en medio, rodeado de personas luchando por engancharme a la vida.

El intensivista se puso a la cabecera para tener perspectiva de la actuación. Había un tumulto de gente. Los cirujanos colocaron el pleurovac. Llegaron los técnicos con el portátil de rayos. Se hizo una placa de tórax urgente. La trajeron al minuto. Me acerqué a verla a la pantalla. El paciente tenía un hemoneumotórax derecho brutal.

Durante la maniobra de exploración el paciente comienzó a bradicardizarse. Los cirujanos siguieron evaluando los daños para subirlo a quirófano lo antes posible. El intensivista cogió el ambú para ventilar manualmente y pautó la medicación a perfundir. Dopamina, atropina, dos adrenalinas. Siguió bradicardizándose pese a todo. Se pasaron varios concentrados de hematíes. Se bradicardizó a 20 por minuto. Había sospechas de que tuviese una laceración hepática. Todos sabíamos que iba a pararse. Los signos de hipoperfusión, la bradicardia y el aspecto del líquido que salía por el pleurovac hacían cada vez más posible la PCR.

Ante la emergencia del evento, el intensivista intentó una pericardiocentesis sin obtener líquido. Parecía un taponamiento cardiaco, pero el problema era el shock hipovolémico. Había perdido mucha sangre pese a estársele pasando sueros y sangre a chorro.

Se comenzó la RCP. Durante la misma se le hizo una ecocardio, pero no apareció el sospechado derrame pericárdico. El paciente siguió en asistolia. Durante media hora se le efectuó sin parar una RCP avanzada, sin conseguir pulso. Lamentablemente el anestesista dio por concluída la intervención.

Hubo silencio en la sala. Todos nos quedamos mirando al joven inherte de 26 años. Un pobre chaval asesinado en Magaluf, en su propia casa.

Falleció el día de su cumpleaños. Un destino macabro.

DEP, joven desconocido.

PD: Lamentable suceso publicado en El País.

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